En la segunda edición de #EnSuPiel, dentro de la página de Facebok de IBE, participaron cuatro relatos:

El #primer texto:

#EnSuPiel2017
#PrimeraSemanaSanta

Fui adiestrado para matar sin piedad, sin remordimientos, a quién fuera que Roma pidiese…
Llevo años haciéndolo y mandándolo hacer sin que me temblase la mano. Me dieron el mando para ajusticiar a ese Jesús y así dar un escarmiento a este pueblo rebelde.
He visto morir a tantas personas…pero este hombre… su rostro, su desnudez, su entereza, su dignidad y todos esos acontecimientos en el momento de su muerte…
Había oído hablar de él! No pude refrenar mi lengua y grité: » Verdaderamente ¡éste era Hijo de Dios!»
Me rindo.
Creo que mañana empieza una nueva vida para mí…

José Miguel Padilla, (#Padi)

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El #segundo texto:

#EnSuPiel2017
#PrimeraSemanaSanta

Me llamo Barrabás. Soy un criminal, responsable de alborotamiento, asesinato y robo. Soy un asesino. Sé que la pena para ese crimen es la muerte. La cruz será mi final. También sé de la costumbre de soltar a un prisionero en el día de la pascua, pero seguramente hay tantos prisioneros en la cárcel, que es casi imposible que me escojan a mí, sobre todo después de lo que he hecho.

La gente me conoce, saben de mí, sería al último al que eligieran. Me aborrecen. No puedo esperar que sea yo el elegido. Sin embargo, algo pasa: me han elegido a mí, ¿cómo es posible? ¿Podré salir de la cárcel y no morir? ¿Tendré una nueva oportunidad? ¿Esto será lo que cambie mi vida, o volveré a las andadas y acabaré nuevamente en la cárcel?
Estoy eufórico, nervioso, tengo tantas ganas de estar libre! De pronto, algo enturbia mi alegría. No me han escogido a mí para dejarme salir. Me han escogido junto a uno al que llaman Jesús. He oído cosas muy buenas sobre él. No entiendo por qué está prisionero. Él no debería estar aquí, no ha hecho nada malo. También a la cárcel han llegado rumores sobre su persona. En fin, es él o yo.

Tengo que confiar en mis amigos, esos que estaban a mi lado cuando nos levantamos contra los romanos; si ellos son un poco listos y se infiltran entre la gente es muy posible que tenga alguna oportunidad, aunque… también tengo muchos enemigos, estarán todos aquellos que han sido víctimas de mis robos.

Vuelvo mi mirada a Jesús, bien sé que solo hace cosas buenas. He oído que hace milagros; y ¡si hiciera algún milagro ahora, en este momento, delante de toda esta gente…! ¡Estoy perdido!
Miro con ardor a la multitud que se congrega cada vez en mayor número ante el pretorio. La gente tiene que elegir entre el tal Jesús y yo. ¡No tengo ninguna posibilidad! A mí me odian, y él ha ayudado a muchas personas. Pierdo todas las esperanzas. Mi euforia se viene abajo. La única posibilidad que tenía de salir libre se ha esfumado.

Pilato pregunta a la multitud: ¿A quién queréis que suelte? ¿A Jesús o a Barrabás? Yo ya no escucho, mi desilusión es tan grande que no quiero estar allí. No quiero ver a esa gente que me detesta, y tampoco quiero estar al lado del tal Jesús, ya que por su causa no me soltarán. ¡Si al menos me hubieran puesto junto a otro como yo!

Quiero volver a mi celda, la suerte no está de mi parte. Pero, espera,¡ me ha parecido oír mi nombre! ¡ No puede ser!, toda la multitud da voces a una, diciendo: ¡Fuera con éste!, y ¡suéltanos a Barrabás!

¡No lo puedo creer, me eligen a mí!, ¡me han escogido a mí en vez de a Jesús! A mí me sueltan y al tal Jesús ¡le van a crucificar!

Parece que siento algo de pena por él. Al fin y al cabo yo estoy en prisión por mis delitos, y nada malo se ha oído de él. En fin, es él o yo. Me alegro de haber sido yo. Estoy libre, mi vida a cambio de la de un justo.

He oído que al final le han crucificado, junto a dos ladrones. No quería acercarme por allí, prefería estar lejos de la gente. No estoy muy convencido de que las personas me acepten, sólo querían matarlo a él, y al final: lo han conseguido.

Elena Briones.

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#Tercer Relato:

#EnSuPiel2017
#PrimeraSemanaSanta

Una lástima…

Si en vez de hace XXI siglos, Jesús, hubiese venido a este mundo en la actualidad, #seguro, seguro qué:

¡YO, aparecería en La Biblia!

pero ¡claro!, en -“esos tiempos”-, a mi; ¡no se me tenía en cuenta! y:

¡ES INJUSTO!

porque yo fui el que #más conoció a Cristo, el que más #horas compartió con él, quien #dormía cada noche a su lado los #tres años que anduvimos de un lado para otro, y de los #pocos, (yo diría el único) que #no dudó ni un momento que volvería , después de marchase durante esos #largos días, dónde todo el mundo dudaba, lloraba y tenía caras largas…

Ya mi madre, y el padre de mi madre, fueron de la #familia de Jesús y cuando yo nací, Cristo acompañó en el parto a mi madre; desde entonces: ¡#nunca me separé de él!, hasta ese fatídico día que le trataron -tan mal-, tan injustamente y le clavaron en una cruz… ¡No me quiero ni acordar! y lo que sigo sin entender es por qué los que se hacían llamar “amigos”, le dejaron tan #solo

¡Me sentía impotente viendo, lo que le estaban haciendo!; me quedé #afónico porque mi #lamento, era lo único que podía hacer y me llevé más de una patada y alguna pedrada, porque no me separé de él en todo el #calvario y porque permanecí al pie de la cruz, hasta que se lo llevó José de Arimatea a esa tumba.

Durante los días que Jesús estuvo en esa cueva enterrado, permanecí a #Su lado. Entré por una pequeña abertura que había en la pared: no soy muy grande y me cabía la cabeza; -“y si cabe la cabeza, cabe el cuerpo”- y yo #quería dormir con el Maestro como hacía siempre.

Él nunca había estado tanto tiempo quieto, pero pensé que tal vez estaba muy #cansado después de cargar con la cruz tanto rato y de todo el #daño que le hicieron, y yo #respeté Su descanso y #esperé paciente; si él no iba a comer, ¡pues yo tampoco lo haría! y él: ¡aguanta muchísimo! (una vez estuvo 40 días y 40 noches sin comer, aunque me dijo, que eso no iba conmigo, y me proporcionaba agua y comida una vez al día)

¡Nunca me separé de él! ni esos días en el desierto, ni la noche de #Getsemaní, que permanecí a su lado y vi como sudaba sangre… (sabiendo, que le #esperaba lo de la cruz…) pero claro:

¡yo se #muchas cosas!,

pero como no salgo en la Biblia…

Yo fui el #primero que le vi levantarse, (aunque la Palabra de Dios dice que fueron las mujeres…) ¡Se alegró mucho de verme! me #acarició la cabeza y me miró, como #solo él sabe mirar…y me dijo:

-¡Compañero!; debes tener hambre, ¡vamos!-

y salimos los dos tan #contentos de esa cueva.

Después pasaron muchas #cosas… pero eso, #si lo pone la Biblia, no hace falta que yo os lo cuente.

Antes de despedirme, me voy a presentar; me llamo #Luther y soy el #perro de Jesús; soy un “Pastor Alemán”, y aunque ganas, no me faltaron de morder a más de uno mientras le hicieron lo que le hicieron a mi dueño, él me #enseño, que no hay que “morder”, y no lo #hice…

Gema L-H Cisnal

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El #cuarto y #último texto:

#EnSuPiel2017
#PrimeraSemanaSanta

La euforia que me había acompañado desde el preciso momento en que Pilatos diera la orden de liberarme, entre gritos de ¡Al madero! ¡Al madero con él!, había ido diluyéndose con el paso del tiempo, consumida por la extraordinaria y sobrenatural oscuridad que se había apoderado del monte Gólgotha y de todos los que allí nos encontrábamos. Aquel a quien sus seguidores llamaban “El mesías”, estaba a punto de exhalar su último hálito de vida.

-¡Padre! En tus manos encomiendo mi espíritu.

Esas fueron las últimas palabras que salieron de su boca, arrojadas al aire en un agónico y desgarrador grito de liberación, que al margen de erizar todos y cada uno de los vellos de mi piel, me sumió en un estado de confusión tal, que por un instante creí que podría quedar cataléptico. Desde mi posición, y a pesar de la prudencial distancia y de la negrura reinante, podía distinguir perfectamente la silueta del hijo del carpintero. Inmóvil, colgaba del pesado madero que previamente había portado, con la cabeza inclinada sobre su pecho y bajo el título de “Rey de los Judíos”. Incapaz de apartar la mirada de él, como si la mera contemplación de su cuerpo exhausto y ensangrentado pudiera rescatarme de aquella angustia que no dejaba de crecer en mi interior, comencé a hacerme preguntas que jamás me había planteado anteriormente.

¿Quién era ese hombre realmente? ¿Era un ser humano normal y corriente, o por el contrario, se trataba del hijo de Dios, tal y como sus seguidores predicaban? Y de ser así…¿Por qué no utilizó su poder para evitar ser crucificado? ¿Por qué siendo su padre todopoderoso, permitió que muriera de esa forma tan espantosa? Y por encima de todo, ¿por qué tuvo que morir en mi lugar? Esta última pregunta no dejaba de torturarme, martilleando insistentemente mi cabeza y desgarrando mi alma llameante, cada vez más convencido de que algo no encajaba en mi vida y en su muerte.

Perdido en mis enmarañados pensamientos, no advertí aquella presencia hasta que su mano se depositó sobre mi hombro derecho, en el preciso instante en que la afilada lanza de un soldado romano atravesaba el costado del Nazareno, regando el suelo cercano con una inusual mezcla de agua y sangre.

-¿Qué te tiene tan turbado Barrabás?- susurró una voz de hombre muy cercana a mi oído-. ¿Acaso aún no te has dado cuenta que todas estas cosas suceden para que se cumplan las escrituras? “Ni un hueso de él será quebrantado”.

-¿Quién eres tú?- pregunté sorprendido y algo sobresaltado por tan repentina aparición.

-Me llamo Juan.

-¿Juan?¿No eres tú uno de los discípulos de Jesús?

-Ese soy yo.

-¿Y qué quieres de mí?

-No quiero nada de ti, eres tú quien necesita ayuda.

-Tú no puedes ayudarme…Nadie puede. La única persona que podía hacerlo está clavada en ese madero y ha muerto.

-Bien dices. Yo no tengo las respuestas que tu alma ansía con desesperación. Solo en el Señor encontrarás la paz que andas buscando.

-Pero él está muerto. ¿Qué sentido tiene buscar respuestas en quien no puede dártelas?

-Y siendo así, ¿qué haces aquí Barrabás? Deberías estar celebrando tu buena fortuna.

-La verdad es que no lo sé.

-La verdad es una, y muchos son los caminos. Yo puedo mostrarte el camino correcto, pero solo tú, en tu libertad, puedes decidir transitarlo o no.

-¿Y ese camino del que hablas a dónde lleva?

-A la verdad y la vida eterna.

-¿Y el resto?

-Creo que ya los conoces. El que lleva a su Reino es duro, empinado, tortuoso y plagado de obstáculos.

-¿Y entonces por qué debería escoger dicha ruta?

-Si entendieras que él te espera con los brazos abiertos al finalizarla, la harías sonriendo a pesar de las dificultades.

-¿Te refieres a Jesús? ¿Entonces crees realmente que va a vencer a la muerte?

-Tú lo estás diciendo.

-Pero, en ese supuesto caso…¿Por qué querría en su Reino a alguien como yo? Hasta el día de hoy no he hecho otra cosa que burlarme de él y de sus enseñanzas, y conoces la razón por la que fui detenido.

-Ciertamente, sé quien eres Barrabás. Así como también Jesús lo sabía cuando decidió entregar su vida a cambio de la tuya. ¿Acaso crees que no podría haberse liberado de tan pesada carga con facilidad? Ahora mismo serías tú el que colgara de esa cruz. Sin embargo, eligió morir por todos nosotros para el perdón de nuestros pecados, y tú has tenido el privilegio de convertirte en el primer y único hombre sobre la faz de la tierra, por el que se ha sacrificado para que tengas una nueva oportunidad en esta vida. Él no vino a juzgarnos sino a liberarnos. En tus manos está aprovechar esta nueva oportunidad y darle propósito a tu vida, o traicionarle de nuevo, como Judas Iscariote.

En todo este tiempo en el que Juan me habló, yo continuaba observando fijamente al crucificado, deseando que se mostrara de algún modo ante mí, que me diera la más mínima prueba de su divinidad para creer ciegamente, pero nada sucedió.

Profundamente decepcionado decidí darle la espalda, literalmente, olvidar todo aquello y seguir con mi vida, imaginando que al hacerlo, me encontraría ante la presencia de un hombre triste y seguramente encolerizado conmigo. Después de todo, aquel en quien había depositado todas sus esperanzas había muerto en mi lugar. Sin embargo, cuando mis ojos se encontraron con los suyos, descubrí que no había en él rastro alguno de tristeza, y mucho menos de odio. A pesar de la profunda oscuridad, esos ojos brillaban como estrellas en la noche. Sin darme tiempo a reaccionar, sus grandes manos se acercaron a mi rostro y lo sujetaron con ternura, como las de un padre que desea que su hijo se sienta protegido y amado, y me dijo:

-En verdad te digo Barrabás. La llama ha prendido en tu interior, puedes dejar que se consuma poco a poco, hasta que irremediablemente se agote, o puedes avivarla hasta consumirte tú en ella. Ahora debo dejarte, debo prepararme sin falta para su regreso-

y dicho esto, besó mi rostro con la misma ternura y desapareció del mismo modo en que había venido.

Las lágrimas afloraron a mis ojos. Era la primera vez que esto me sucedía desde que tuviera uso de razón, y se debía a una extraña mezcla entre una creciente e imparable sensación de tristeza, al ser verdaderamente consciente de todo el mal que había hecho, y una infinita alegría porque esa llama de la que Juan me había hablado, inflamaba ahora todo mi ser, y deseaba más que nada en el mundo ser consumido por ella.

Volviendo de nuevo mi mirada a Cristo, entrelacé mis manos y caí de rodillas al suelo, y allí permanecí orando hasta que José de Arimatea vino a llevarse su cuerpo. Así fue como me convertí en pescador de hombres, predicando su palabra hasta el último aliento de vida.

“Rásguense el corazón y no las vestiduras.
Vuélvanse al Señor su Dios,
porque él es bondadoso y compasivo,
lento en la ira y lleno de amor,
cambia de parecer y no castiga” ( Joel 2:13 )

Alfonso Genique

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